Los prunus florecen.
Envueltos de belleza ancestral y etérea,
trazan al viento poemas de aromas sutiles,
que efímeros vuelan y eternos evocan.
Sobre el horizonte las flores se inclinan,
liban con esmero los últimos rayos,
ofrenda de luz para la plácida Luna.
Al pliegue de este pétalo mi pena confío;
ya entrada la noche se condensará en rocío.
Lírica será mi tristeza mundana,
lágrima de prunus por la Aurora diáfana.